La profe de Ciencias había
cogido la baja por maternidad. Podía añadir por fin, pero sería un poco
injusto. No era mala profe, aunque todas aquellas sesiones aburridas sobre
genética la hubieran hecho perder un poco de nuestro aprecio. No nos
quejábamos, es lo que tienen las clases, que la mayor parte de las veces son un
coñazo. El profesor a contarnos cosas interesantes (para el) que luego nosotros
tendremos que repetir… ¿O no?
Y llegó el para darnos clase el último mes… Recién salido de la facultad con
ideas nuevas. Así no se le ocurrió idea más peregrina que, para explicar los
microorganismos y cosas así de divertidas (¡jeje!), llevarnos de acampada a
Malpica. Viaje en tren, en bus y pateo hasta una playa desierta. Dos días de
trabajo recogiendo algas y clasificándolas y noche de desmadre (que se le va a
hacer, era la edad).
Vuelta al insti y al tedio, pero el nuevo
volvió a darle a la cabeza. ¿Por qué no vamos a Valdoviño (a 15 Km) en bici a
ver aves acuáticas? ¿Este sábado? ¡Hecho! Y allí nos fuimos.
¿Aprendimos mucho? ¡No lo sé!
Treinta y dos años después en las reuniones de aquellos excombatientes de COU G no nos acordamos exactamente de que aprendimos en aquellas sesiones, pero a ninguno, absolutamente a ninguno, se nos olvidó la agradable sensación de que existía otra forma de dar clase. Y Paulino siempre ocupa un hueco en nuestras batallitas, a pesar del poco tiempo que nos dio clase...
Treinta y dos años después en las reuniones de aquellos excombatientes de COU G no nos acordamos exactamente de que aprendimos en aquellas sesiones, pero a ninguno, absolutamente a ninguno, se nos olvidó la agradable sensación de que existía otra forma de dar clase. Y Paulino siempre ocupa un hueco en nuestras batallitas, a pesar del poco tiempo que nos dio clase...
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